El poder de la gratitud en medio de la
adversidad
“Den gracias en todo, porque esta es la
voluntad de Dios
para ustedes en Cristo Jesús” (1
Tesalonicenses 5:18)
I. La Preposición de la Victoria. El
"EN" sobre el "POR"
-Gratitud
ante la circunstancia, no por la tragedia. La diferencia entre decir "por"
que implicaría aprobar el mal y "en" que significa reconocer la
presencia de Dios en el proceso
-La
Presencia como refugio. Nuestra gratitud se fundamenta en que, sin
importar cuán difícil sea el panorama, nunca caminamos solos; Dios es nuestro
compañero de camino en el valle de sombra.
-Transformación
de la mirada. Agradecer en medio de la crisis no ignora el dolor, sino que lo
sitúa bajo la luz de la soberanía divina, permitiéndonos ver motivos de
esperanza donde otros solo ven escombros.
II. El Mandato de la Obediencia. La Voluntad
Divina
-Más allá del sentimiento.
Al no ser una emoción, sino un acto de obediencia, la gratitud funciona como
una armadura espiritual que blinda el corazón contra el veneno de la amargura y
la queja.
-El trípode
de la vida cristiana. Son tres mandatos en cadena:
-Estad siempre gozosos (gozo interior, no
felicidad externa).
-Orad sin cesar (dependencia constante).
-Dad gracias en todo (confianza en que Dios
obra).
Juntos
forman el estilo de vida del creyente: gozo, oración y gratitud son el
combustible para la vida cristiana.
-Disciplina
de fe. Aceptar que la gratitud es la voluntad de Dios nos libera de la
necesidad de entender todo lo que sucede, permitiéndonos descansar en su
sabiduría superior mientras atravesamos la tormenta.
III. El Ancla. en Cristo Jesús
-La promesa
de la redención total. Solo podemos agradecer porque descansamos en
la certeza de que, aunque el mundo tiemble, Dios está trabajando todas las
cosas para bien (Romanos 8:28).
-El poder
del Espíritu. Es la fortaleza sobrenatural de Cristo la que nos permite elevar una
oración de gratitud cuando nuestros labios solo quisieran lamentarse.
-Seguridad
en la Roca Inamovible. Cristo es nuestra base firme. Al estar
cimentados en Él, nuestra esperanza no se desploma con las estructuras
temporales de este mundo, pues nuestra paz proviene de alguien que es
inmutable.
Doce motivos para agradecer en medio de la adversidad
- Por el
don inestimable de la vida. Agradecemos porque, a pesar de la
magnitud del proceso del evento de calamidad natural, nuestro corazón
continúa latiendo y se nos otorga la oportunidad de seguir respirando con
propósitos de Dios, con la llenura y el bautismo del Espíritu Santo de
Dios.
- Por la
protección de nuestros seres queridos. Damos gracias por la
integridad espiritual, física, psicológica, emocional preservada de
nuestras familias y amigos, con quienes nos une un amor filial en Cristo
Jesús, por sembrarnos la esperanza y la fe que va manteniéndonos a salvo
del peligro directo del valle de los escombros.
- Por la
paz que sobrepasa todo entendimiento. Agradecemos por esa
fortaleza interior que, como renuevo del don y fruto del Espíritu Santo de
Dios, nos da resistencia en el desierto en momentos de caos y confusión,
nos permite mantener la claridad mental, psicológica y espiritual para
actuar anhelando la bondad, piedad, misericordia y compasión del Dios que
confesamos nuestro padre.
- Por el
reflejo de Dios en la solidaridad. Damos gracias por los
incontables vecinos, amigos y extraños que, movidos por la gracia del Dios
vivo que siembra el amor filial, se han unido en una cadena humana de
oración, convicción, prédica y ayuda, demostrando que la humanidad es un
reflejo de la bondad divina, de los instrumentados usados por Jesús en la
compasión dentro del proceso.
- Por la
valoración de lo esencial. Agradecemos a un Dios omnipotente y
omnipresente por regalarnos en su infinita gracia cosas tan sencillas como
el agua, un techo firme o el mana de alimento, permitiéndonos en su gracia
inmerecida ir redescubriendo la fuerza de su amor infinito en un valle en
el cual nuestra estabilidad se ha visto amenazada.
- Por la
capacidad humana de reconstrucción. Damos gracias porque
Dios en su sabio discernimiento y por su misericordia perfecta nos usa con
fuego y poder en la llenura del espíritu y nos ha dotado con una voluntad
innata para levantarnos, sanar nuestras heridas y comenzar de nuevo tras
el desastre, como pueblo esperanzado en que la dicha pastera será mejor
que la primera.
- Por la
presencia de Dios en el duelo. Agradecemos porque, incluso en medio del
proceso, del valle, del dolor y la pérdida, Él promete estar cerca de los
quebrantados de corazón, ofreciendo consuelo en la soledad, gracias, Señor
por cuidar a los pobres de espíritu a los menesterosos por ser el amigo
que nunca falla.
- Por el
despertar de nuestras prioridades. Damos gracias a Dios
por el discernimiento que en su gracia nos siembra desde lo alto, por
ungirnos con su sangre preciosa en este momento de reflexión que nos
obliga a distinguir lo verdaderamente trascendente el amor ágape por él y
el amor filial por nuestros semejantes afligidos, por avivarnos en la fe y
fortalecer los vínculos afectivos, enseñándonos que esto va por encima de
las posesiones materiales, porque no solo del pan y del vino vive el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del señor.
- Por la
provisión constante en la emergencia. Agradecemos por la
fuerza de amor filial y la compasión que hace nacer en el corazón, la
voluntad y la prédica de cada mano dispuesta de buena voluntad y de cada
recurso que proveniente de ese amor llega a quienes más lo necesitan,
confirmando que nunca en quebranto, proceso o desierto estamos realmente
abandonados, pues Dios y sus instrumentos son presentes en el tiempo
perfecto.
- Por la
esperanza de un nuevo amanecer. Damos gracias, Dios bendito, porque la
oscuridad, el proceso y el desierto no serán eternos y nos permites
entender que cada nuevo día con el sol de tu amor se representa un renuevo
de la esperanza y la fe que nos siembras como una oportunidad de
renovación, confiando en que Dios sostiene el futuro, que serás mensajero
de buenas nuevas, de propósitos añadidos y que en su tiempo de victoria su
gloria traerá una dicha postrera de añadidura.
- Por la
unidad del Cuerpo de Cristo. Damos gracias Oh Shalom por permitirnos
crecer en madurez espiritual, porque en tu divina enseñanza nos permite en
su sabio discernimiento comprender que el terremoto derriba los muros de
la indiferencia, permitiéndonos vivir una comunión real en el lodo y el
sudor de la ayuda mutua, como una grey compacta en el amor ágape y filial,
en la esperanza, la fe y la compasión que nos anima a vivir con más
propósitos en su palabra.
- Por la
firmeza de la Roca Eterna. Agradecemos oh Rafat Jhiret porque,
aunque en el proceso la tierra tiemble y las estructuras humanas colapsen,
el amor paternal de nuestro Salvador permanece inmutable, siendo el único
cimiento que nunca se moverá en testimonio de su gracia de amor y plenitud
perfecta.

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